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Doha, Medellín, San Pablo y Miami. Mendoza, Génova, Asunción y hasta New Orleans. Se juega, no se juega y ahora sí, se juega. La final de todos los tiempos pasó del escándalo al grotesco en un puñado de días, envuelta en frases, polémicas y desatinos propios de nuestro fútbol, respaldados en algunos dislates de la Conmebol. Había que tomar una decisión -más allá del reclamo de Boca, más allá de la defensa de River- y, al final, se resolvió. 
El director ejecutivo del ente, Ricardo Pedace, confirmó poco después de las 8 que la clausura había sido levantada por la Dirección General de Infracciones previo pago de una multa, cuyo monto no precisó.