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Migraña: más de la mitad de los pacientes faltan cuatro días por mes al trabajo

Una tormenta en el cerebro: Victoria, una joven consultora de comunicación, confiesa que, aunque es incapacitante e impide llevar una vida normal, la mayoría no lo toma como algo grave.

Lo muestra una encuesta realizada en el país. "Es mucho más que un dolor de cabeza, pero todo el mundo la subestima", aseguran los neurólogos; se calcula que la padece un 10% de la población mundial
 
El biólogo molecular Estanislao Bachrach dictó cientos de conferencias y vendió cientos de miles de libros en los que explica cómo funciona el cerebro. Pero es incapaz de dominar la migraña que padece desde hace 14 años: un trastorno neurológico complejo capaz de "nublar la vida" y que lo ataca 10 a 15 veces por mes. Se estima que lo padece el 10% de la población mundial.

"En casa de herrero, cuchillo de palo", cuenta, resignado. La primera crisis la tuvo en un cine de Boston el 5 de noviembre de 2004: salió de la sala y enterró la cabeza en la nieve. Y la frecuencia de los episodios se triplicó después de la muerte de su madre, hace tres años. "Hasta que no logré aceptar que uno tiene esto y que no se puede controlar, la enfermedad me produjo un sufrimiento emocional que va más allá del dolor físico. No sabía si iba a poder dar una charla. Me angustiaba el impacto en la educación de mis hijos. Y eso empeoraba los síntomas", señala Bachrach.

Si las cefaleas esporádicas se compararan con una ráfaga de viento que levanta arena en la playa, la migraña o jaqueca sería un tornado que hace volar las sombrillas y carpas por el aire. "Es mucho más que un simple dolor de cabeza: es una tormenta eléctrica en el cerebro -dice Eduardo Doctorovich, jefe de la sección de cefaleas del Hospital Italiano de Buenos Aires y jefe de clínicas del Ineco-. Y puede acompañarse por síntomas tales como mareos, náuseas, vómitos y dolores abdominales", agrega.

En un nuevo trabajo que exploró el impacto emocional, social, laboral y económico de la migraña en 227 pacientes argentinos, Doctorovich y colegas comprobaron que el 56% de quienes estaban empleados necesitaron faltar por lo menos un día al trabajo en el mes precedente a causa de la enfermedad. Y que, en promedio, se ausentaron 3,9 días, aunque el 5% de los afectados tuvieron que hacerlo más de 10 días.

"La migraña afecta la vida social y laboral. El subdiagnóstico y el estigma social generan miedo anticipatorio y mucha culpa", protesta Doctorovich. Y agrega que se trata de una patología "subestimada por todo el mundo, incluyendo profesionales, empleadores, familiares y amigos", aunque aqueja en distinto grado a ocho millones de argentinos.

El estudio local forma parte de My Migraine Voice, una iniciativa financiada por el laboratorio suizo Novartis que evaluó la carga mundial de la migraña desde la perspectiva de más de 11.000 pacientes diagnosticados en 31 países. En el nivel global, el 60% de las personas empleadas con migraña severa declararon haber perdido, en promedio, una semana de trabajo por mes.

Soluciones a medida

"Según la Organización Mundial de la Salud, la migraña puede produce un nivel de discapacidad que puede ser tan alto como la demencia, la ceguera y la tetraparesia [debilidad muscular en brazos y piernas] -afirma la neuróloga María Teresa Goicochea, jefa de la sección cefaleas del servicio de dolor del Fleni-. Les molestan la luz (fotofobia), los ruidos y el movimiento, por lo que, instintivamente, buscan librarse de esos estímulos: se acuestan, apagan las luces e intentan dormirse".

Pero eso no es tan fácil en medio de la jornada laboral. Victoria Azar González, una consultora de comunicación de 26 años, padece migraña desde los 18 años y dice que una de las cosas que más impiden llevar una vida normal es la fotofobia: "Uno necesita acostarse y estar a oscuras. Antes me daba vergüenza decir que me volvía a casa por un dolor de cabeza, porque la gente no lo toma como algo grave. Pero, por suerte, he tenido jefes comprensivos", asegura. La enfermedad es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres y tiene el pico de incidencia entre los 15 y los 50 años.

Los datos locales también muestran que incluso entre quienes no faltaron al trabajo la productividad reportada cayó un 51%. "Las crisis de migraña pueden durar hasta tres días, y eso genera un agotamiento de muchos sistemas neuronales. Por eso, aunque el dolor se haya ido, en los días posteriores el paciente siente que no rinde, que no tiene energía", señala Doctorovich.

Las clasificaciones médicas también distinguen las migrañas episódicas de las crónicas, aunque las diferencias pueden ser difusas: alguien que tiene 14 días de dolor por mes encuadra en la primera categoría y el que tiene 16, en la segunda. Un estudio estadounidense de 2018 en la revista Neurology mostró que, en un año, los pacientes con formas episódicas y crónicas tuvieron que ausentarse en promedio 32,6 y 37,6 días, respectivamente.

Los especialistas coinciden en que, en primer lugar, lo importante es el diagnóstico preciso. "El médico tiene que prestar atención a la característica repetitiva de los ataques, al dolor errático en distintos lados de la cabeza de tipo pulsátil (como si latiera) y a que casi siempre se acompaña de antecedentes familiares directos", destaca Félix Reynoso, expresidente de la Sociedad Argentina de Neurología y delegado por el país en la Federación Mundial de Neurología (WNF). En un 25 a 30% de los casos, el dolor es precedido por el aura: visión de "estrellitas" o líneas en zigzag en el campo visual.

Otra medida que recomiendan es llevar un registro de las cefaleas para identificar posibles detonantes, como el consumo de alcohol o café, exceso o falta de horas de sueño, actividad física intensa y cambios en el clima. En el 60% de las migrañas episódicas y en el 100% de las crónicas, los especialistas también prescriben medicamentos preventivos. "Aprendí a respetar las indicaciones del especialista, a tener mucha paciencia, a evitar ciertos estímulos (como los tragos o los deportes de contacto) y a no dejarme avasallar por el dolor", confía Bachrach. "Pero cada paciente es un mundo".

Goicochea recomienda a las empresas respetar los horarios de las comidas, renovar el aire del ambiente y evitar que los empleados sensibles reciban de forma directa luces intensas o reflejos. "A veces se soluciona con una cortina -apunta-. No es para que nadie se quede sin trabajo".

 
 
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Última Actualización: 20/04 - 16:51 hs

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